Quien, en una situación dada, recurre a un lugar común para explicarse corre el riesgo de reflejar su falta de imaginación. No obstante, la persona puede aducir que es la forma de apoyarse en el pasado, esto es, en una especie de tradición. Así pues, he aquí uno: un escritor se distingue por ser, antes, un lector. Lector de literatura, de su historia, del pasado y de su tiempo, porque además de herramientas para su oficio y solaz, ser lector le permitirá desarrollar una capacidad analítica que el menos avezado puede confundir con dotes de pitonisa.
La Santa Crítica