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El diablo Arguedas

Fragmento En las primeras comidas Arguedas se clavaba el tenedor por encima del labio. Con el tiempo educó el gesto a fuerza de imitarla. Corta despacio, apoya el cuchillo en un costado, mastica con la boca cerrada y toma agua sin sorber. Y aun así, de vez en cuando el tenedor se detiene en el aire, aturdido en esa acción frustrada.

Una tarde Irene lo espía. Rueda un dedo contra otro, huele y comprime los choricillos grises que se desprenden de sus articulaciones. Parece un bebé recién llegado al mundo. En fin, todo renacimiento es parcial, además de prematuro. ¿Dónde habitan los demonios antes de aparecer? Imagina que trajo un mapa. Llegó con un plano de la peluquería y una foto para identificarla. ¿Tomada cuándo? Pixelada, antigua. O con la barra de datos asociada a su persona. Mal que le pese, la imaginación se le ha vuelto una gimnasia digna de entrenar. Para alcanzar una respuesta, digo, Irene debería dilucidar las transformaciones de su Arguedas: Huevo, larva, pupa, adulto. Escritor, diablo, demonio, diaño, timador. Lamentablemente no es una mariposa, y el estatuto de los procesos, de cualquier proceso, se manifiesta incierto apenas se lo somete a una atención esmerada. Mejor no atribuir valor perdurable a lo que son, al fin y al cabo, meras circunstancias.”

Contratapa

Una mujer abre, como cada mañana, las puertas de su peluquería de barrio. Es un emprendimiento modesto, en una zona ni muy rica ni muy pobre de una ciudad cualquiera de Latinoamérica que antes, tal vez, se llamó Lima, Buenos Aires o Santiago, y que ahora es parte de una distopía inespecífica y global. Pero ese día algo cambia: una aparición, una presencia extemporánea, se le manifiesta en medio del salón. Se trata de un ser bestial, de pezuñas embarradas e indudablemente satánica: un diablo. Enseguida, sin embargo, cuando la mujer lo mira de nuevo, ya no luce como un demonio sino como un hombre abatido, con cierto aire familiar, el cutis macilento y verdoso. ¿Un zombi?, ¿un ladrón?, ¿un mudo? Hasta que por fin cree reconocerlo: ¿se trata de José María Arguedas, el escritor genial, el poeta, el etnólogo?

“¿Puedo quedarme?”, dice el presunto Arguedas. Y la mujer, contra todo sentido común y prudencia, lo alojará en el sótano de su local, que a partir de ese momento será epicentro de una red de intrigas entre peinadoras y coloristas, policías y especuladoras inmobiliarias de baja estofa; escenario de pequeñas estratagemas sobrenaturales, traiciones y ardides.

Construida sobre la delicada filigrana de un estilo sutil, plagada de humor y de horror, esta novela de Betina Keizman sobreviene como una anomalía fascinante, una rareza que nos lleva del asombro a la risa, del desconcierto al deleite, y que nos coloca frente a una pregunta infernal: en este mundo extraño y cada vez más espectral, ¿qué es un escritor sino un fantasma venido a menos, una sombra sospechosa, un buscador de información en tratos espurios con el más allá?

El diablo Arguedas. Editorial Entropía. Ciudad de Buenos Aires, 2023. Novela