Libros

Promesas radicales en las literaturas del presente

Fragmento “Siguen multiplicándose proyectos científicos que buscan agua en planetas «cercanos». Se evalúa su condición de habitables, con un ojo preocupado puesto en las sequías terrestres y el nivel creciente de agua en los polos.

En tanto escribo estas líneas, el agua empieza a cotizar en Wall Street, el más reciente producto en catálogo del Chicago Mercantil Exchange (CME), el mayor mercado mundial de derivados. Es notorio que los espacios de la imaginación son rudamente disputados por la realidad y que, de cara a tanta grandilocuencia y premoniciones de fin de mundo, ciertas zonas literarias se llamen a retiro. En un inspirador libro de ensayos sobre los formatos de la intimidad en literaturas recientes (me refiero a Una intimidad inofensiva. Los que escriben con lo que hay), Tamara Kamenszain reconoce un incremento de escrituras de «intimidad inofensiva». Dice Kamenszain que esta intimidad inofensiva, pariente cercana de lo que otros han denominado «giro autobiográfico», combina cotidianidad e intimidad, pero sobre todo consolida un tono monocorde, incipientemente menor, propio de un modelo de escritor venido a menos o, en otras palabras, de un individuo cuyo crédito social se asume degradado.

Me propongo interrogar el extremo opuesto de esta afirmación, el de la resistencia al tono monocorde. (después de todo, la escritura de Mario Levrero —levanto aquí las banderas de uno de los popes de la autoficción en Latinoamérica— difícilmente permitiría asumir lo monótono como un rasgo relevante de la autoficción, o su escritura persigue el lugar preciso donde lo monótono desnuda su pulpa de sentidos). Lo cierto es que en la vereda antagónica al rango creativo que pondera Kamenzsain se multiplica un terreno de invención y de registros lingüísticamente relevantes donde numerosos proyectos literarios resisten a las fuerzas que avanzan pulverizando, tal como lo haría un elefante en la vidriería de las imaginaciones variadas.

Por supuesto que no es necesario recurrir a formatos referenciales o a narraciones de la intimidad para descubrir que la nutriente de la escritura en la experiencia se ha diversificado, incluso cuando la experiencia misma se estrecha. Así lo planteaba Benjamin, para quien la experiencia no residía en un prosaico principio de diversidad (vivir experiencias) sino que se amparaba en un entendimiento vital comunitario, complejo, incluso territorial. Lo cierto es que ante la pregunta sobre cómo produce, crea o imagina un escritor contemporáneo, se infiltran, entre otras, las siguientes palabras: computadora, lectura, anécdotas, otros dispositivos o herramientas de la realización material de la escritura, celular, internet. No es necesario rozar las coordenadas en que el presente y el futuro se intersecan: las tecnologías del escritor cíborg se remontan al lápiz, la pluma, el cincel y el teclado, todas ellas extensiones del propio cuerpo, y hasta la voz del narrador oral fue y es una herramienta adiestrada para extraer sus mejores modulaciones. Por ese motivo, la discusión sobre cuánto impactan unos y otros recursos en la escritura peca de anacrónica. Y aun así, subrayar esta incidencia contribuye a desentronizar una figura autoral extemporánea, que hoy se expande en búsquedas de internet tras el hallazgo fortuito de un archivo ampliado. Esta interminable biblioteca de Babel ofrece su humus virtual a las ficciones contemporáneas. Hoy como ayer, la máquina imaginativa contemporánea se nutre de la capacidad creativa y de invención de una comunidad, y de los ejercicios que el sujeto creador consiga producir sobre el material y las estrategias de su arte. A eso añadimos las prácticas que lo precedieron pero también una imaginación conectada a dispositivos que la alimentan con su fárrago de datos y posibilidades. En suma, los diálogos del presente adquieren una textura intensa, a veces más coyuntural, permeada por contextos regionales o nacionales pero de ninguna manera indiferente a lo continental o a lo planetario. La profundidad de campo se ha ampliado y, por eso, la gran pitonisa de principios de este siglo, Wislawa Szymborska, menciona la Tierra como el tercer planeta del Sol: «Nada más animal / que una conciencia limpia / en el tercer planeta del Sol».

Para antecedentes de la imaginación resistiendo la monotonía, James Graham Ballard y Ursula K. Le Guin constituyen dos extremos del género. Uno, agita la proyección de un planeta en carencia y desastre; la otra, planta sus pies en los márgenes de la imaginación, no desde lo que hay sino desde lo potencial, soltando línea a un pensamiento divergente que postuló sujetos andróginos, diversidades, sexualidades y géneros mutantes mucho antes de que estos conquistaran una posición en las agendas de colectivos contemporáneos. Al respecto vale la pena recordar que la humanidad siempre ha sido múltiple, tanto como la no-humanidad, y que referirse a lo que está «más allá de lo humano» no significa una superación sino una ampliación del concepto histórico de lo humano. En cualquier caso, la pulsión imaginativa de estos dos autores se solapa con nuestro presente; ya no pertenecen a un futuro proyectado, no de una de manera tan absoluta como, por fijar una fecha, cincuenta años atrás. Incluso así sus estelas permiten situar aquello que hoy circula en los bordes de la imaginación. Me gustaría detenerme en un ángulo menos evidente para pensar en estas literaturas que resisten al tono monocorde, y con ese objetivo propongo retomar las condiciones en que la imaginación misma se encarna en ciertas literaturas para, desde allí, definir también la simbiosis que enlaza lo monocorde con la imaginación”.

Contratapa

El auge de registros fantásticos y de ciencia ficción en los últimos años requiere un pensamiento especulativo que acompañe e interrogue tal fenómeno. Así, este ensayo —dirigido a un público amplio— enhebra preguntas en torno a lo inconcluso, la mutación y lo informe en ficciones canónicas (desde H. P. Lovecraft hasta Felisberto Hernández, entre otros) y en la narrativa contemporánea, a través de seis capítulos que revisan los procesos imaginativos que atraviesan una diversidad de escrituras latinoamericanas actuales. Interpretadas aquí como una reacción del campo artístico a la extendida certeza del agotamiento y la falta de opciones por fuera del poscapitalismo global, la lectura de textos de Samanta Schweblin, Marcelo Cohen, Daniela Tarazona, Lina Meruane o Mike Wilson da cuenta de una inventiva literaria que, a contramano de los peores pronósticos, conserva un singular ímpetu.

Editorial Overol. Santiago de Chile, 2022. Ensayos.