Reseñas

“El lector está en una trinchera defendiendo una experiencia irreemplazable”

“Surgió de una idea chiquita:
un diablo aparece en
una peluquería y pide refugio.
Imaginé, además, a la peluquera
como una migrante latinoamericana
y que se hablaría un
lenguaje híbrido, amasado con
giros y proverbios de distintas
regiones. Eso me entusiasmaba
mucho. Ese lenguaje inventado
es el otro gran protagonista de
la novela. También quise reponer
los sentidos literales de
ciertas sospechas colectivas,
como por ejemplo que los desplazados
son diablos, seres enfermos,
los aliens que perturban.
El que pide refugio es todo
eso”, detalla Betina Keizman
ante BAE Negocios.

–¿Por qué elegiste una peluquería
como escenario?
–Es un referente anacrónico
que supone a las peluquerías
como el espacio femenino por
excelencia. Es un lugar que se
asocia con el chisme y la banalidad
y en el que, como en
todos los ámbitos laborales,
se pueden rastrear dinámicas
complejas. Cuando escribo me
intereso por los detalles, las
tecnologías, los procedimientos,
en general presto atención
al trabajo como actividad. Sé
que mi narrativa se fuga hacia
lo insólito y para equilibrar me
concentro en lo concreto.

–¿Cómo definís a la protagonista?
–Es alguien que ha comprado
la narrativa del progreso personal,
del primero yo y que el
mundo se venga abajo. Oprime
a sus empleadas, se considera
superior y aunque pretende
dejar atrás sus orígenes intuye
que ese pasado es más valioso
que su presente. En la literatura
prefiero las ambigüedades. Me
gustan los personajes alejados
de nuestros parámetros éticos
y vitales, incluso de nuestras
experiencias.

–¿En qué la modifica esa aparición
que le pide refugio?
–Es un diablo, o un muerto,
probablemente un desmemoriado.
Al principio, la peluquera
intenta someterlo a sus
designios, pero el diablo la empuja
hacia otras experiencias
y le provoca otras emociones.
Tampoco creo que esas zonas
“diabólicas” sean ajenas a una
existencia ordinaria. La vida
abarca mucho más de lo que
solemos admitir. Ahí convergen
fantasías, sueños, especulaciones,
delirios y proyectos.
La noción de realidad es una
versión degradada de esa diversidad
mucho más rica y
compleja. La aparición del diablo
da pie a todo eso en la vida
de los personajes.
–Otro escenario importante
es el sótano, ¿por qué?
–No podría escribir una historia
sin saber dónde están ubicados
los objetos ni conocer los
espacios por donde se mueven
los personajes. La peluquería
está a nivel de la calle, el primer
piso lo ocupa el departamento
de la peluquera y abajo se aloja
al aparecido. Suponer que
expulsamos lo reprimido hacia
sótanos o azoteas es prolongar
un imaginario antiguo, que se
corresponde con los siglos XIX
y XX. En la novela ese delirio se
escapa del sótano, está suelto,
está en todas partes, domina ese
escenario de desastre ecológico
y económico, de segregación.
–¿La crítica literaria la deja
tranquila a la escritora?
–Soy una escritora intuitiva
y no sé qué significa una novela
hasta el momento en que la
concluyo. Tampoco investigo,
más bien me dejo permear por
algunas lecturas. Es cierto que
el trabajo crítico aporta discusiones
que me interesan. Pensar
que un escritor como Arguedas
actualmente no existiría, por eso
imaginar que es un zombi o un
muerto en vida. Entender que las
narrativas del presente se nutren
de una hibridez particular, de un
estar tanto afuera como adentro
de la ficción que permite narrar
en andariveles, como ventanas
en la pantalla, usar distintos
formatos, como por ejemplo las
supuestas entradas de una enciclopedia.
Sobre todo me interesa
que esos recursos tengan un
efecto en la lectura. Pero esas
reflexiones provenientes del
universo de la crítica literaria no
constituyen un aporte más importante
a mi novela que la peluquería
de la calle Bustamante o
que algunas conversaciones que
escucho en el colectivo. La imaginación
y la escritura son oportunistas,
todo las alimenta.
–¿Qué rol te parece que ocupa
actualmente la literatura?
–Un rol minúsculo, pero de
resistencia. Leer me parece
una proeza, es una batalla contra
los estímulos exacerbados,
contra la información basura,
contra nuestra dificultad para
concentrarnos. El lector es un
héroe. Desde esa perspectiva
importa menos lo que se escriba,
siempre y cuando se escriba
algo desafiante. El lector está
en una trinchera defendiendo
un placer y una experiencia
irreemplazables.

 

María Helena Ripetta
Especial para BAE Negocios
entrevista BETINA KEIZMAN
“El lector está en una trinchera defendiendo
una experiencia irreemplazable”
“La imaginación
y la escritura son
oportunistas,
todo las
alimenta”
“Mi narrativa
se fuga hacia lo
insólito y para
equilibrar me
concentro en
lo concreto”