Lugar Común

Las iguanas del inconsciente colectivo

¿Qué lugar común se esconde entre los pliegues del cerebro? Tienes la impresión de que en esa terra lunar, entre los cráteres de la infancia, ascendiendo las colinas de los deseos y deslizándose por unas laderas exuberantes en que la emoción no se discierne de las escalas de la agudeza, allí anida la iguana de lo común. Irradia su calor sobre los embriones del librealbedrío, alimenta la invención. ¿Vemos los mismos colores, escuchamos los mismos sonidos, percibimos el mismo mundo? Harold Brodkey escribe: “La mente, la mente de todo el mundo está eternamente en movimiento en una inquietud continua como la luz aun cuando duerme, aun cuando la luz está adentro y no fuera del cráneo.” Quieto o en equilibrio sobre un arco voltaico, supones que el lugar común sea algún tipo de pancerebro compartido por la especie. En una época los libros de Jung se vendían como pan caliente y estuvo de moda el inconsciente colectivo: una canción de Charly García lo demuestra. Científicamente refutable, sí, hasta que se reconoció que los humanos no solo transmiten su caudal genético original sino también aquellas experiencias que experimentaron a lo largo de sus vidas. ¿Solo los humanos? Probablemente también las ratas, los perros, las lombrices. La segunda generación de ratas evita la compuerta roja donde sus ancestros recibieron descargas eléctricas. En conclusión, debes saberlo, remolcas la exaltación de tu padre y las desdichas de tu abuela. Lo mismo vale para las ratas, los perros, las lombrices. No, no así las lombrices, de los escarabajos poco se sabe.