Betina Keizman, (Buenos Aires, 1966), conforma en las primeras seis planas, el imaginario una urbe obtusa que deforma a sus ciudadanos. Una Ciudad desequilibrada y desquiciada que somete las relaciones interpersonales a un estado de sicosis perpetua, lo anterior, una particular estrategia que se desarrollada durante toda la novela y que amenaza los restos humanos reducidos a centros de experimentación.
En el despeñadero de Schwenke