-¡No quiero oír más ese ladrido asqueroso, ese ruido a vómitos! ¿Aquí tengo que verme otra vez? ¿Aquí, aquí? ¡En esta miseria, otra vez, en esta basura, otra vez!
El sol subía en aquel frío matador de tantos y aquel hielo como polvo sobre el pasto se hacía agua, y en aquella humedad se mojaban los pies del caminante.
-Si no hubieras robado todo al irte, algo verías para tu utilidad. Miseria encontrás, miseria nos dejaste. ¿Y qué podías hacer vos con el hacha, con mis camisas, con la carretilla? ¿por qué debieron morir el loro y el perro? Pura maldad. Aquí estás, y de lo que tuviste nada te queda, ni, por obra tuya, me queda a mí para hacerte la vida mejor.
Enojado, sucio, callado, temblando, en su rincón, lloró